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El círculo virtuoso de la ciencia, la tecnología y la innovación: una apuesta por el desarrollo del país

Redacción por :

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A raíz de mi participación como panelista en el Foro: «Círculo Virtuoso de la Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación – Desarrollo País», organizado por el Colegio de Ingenieros del Perú, escribo este articulo para reforzar el rol de la universidad en articular la ciencia al desarrollo del país.

Hablar hoy del desarrollo del Perú exige una convicción clara: no hay progreso sostenible sin ciencia, tecnología e innovación. En un contexto global marcado por transformaciones aceleradas —sanitarias, tecnológicas, ambientales y sociales— los países que avanzan son aquellos que han logrado convertir el conocimiento en bienestar para su población. Ese proceso no ocurre de manera espontánea; se construye a través de lo que denominamos un círculo virtuoso de la investigación en ciencia, tecnología e innovación (CTI).

Este círculo virtuoso comienza con la investigación científica de excelencia. La ciencia es el punto de partida indispensable: forma talento humano altamente calificado, genera nuevo conocimiento y fortalece capacidades institucionales. Sin investigación rigurosa, ética y sostenida en el tiempo, no hay base real para la innovación ni para el desarrollo tecnológico. Por ello, las universidades cumplen un rol insustituible como espacios donde se cultiva el pensamiento crítico, la creatividad y la búsqueda de soluciones a los grandes problemas del país.

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Sin embargo, en países de ingresos medios como el Perú, el desafío no está únicamente en producir conocimiento, sino en lograr que ese conocimiento trascienda los laboratorios y llegue efectivamente a la sociedad. Entre la publicación académica y la solución concreta existe una brecha —conocida como el “valle de la muerte”— que muchas veces impide que la investigación se traduzca en impacto. Superar esa brecha es hoy una tarea estratégica.

Aquí entra el segundo eslabón del círculo virtuoso: la tecnología y la innovación. Transformar conocimiento en aplicaciones útiles requiere nuevas capacidades institucionales: validación de resultados, gestión de propiedad intelectual, comprensión de marcos regulatorios y, sobre todo, articulación con el Estado, el sector productivo y la sociedad civil. La universidad contemporánea no solo investiga; también actúa como puente entre el conocimiento y las necesidades reales del país.

El tercer componente es el emprendimiento de base científica, entendido no como un fin en sí mismo, sino como un vehículo para amplificar el impacto de la investigación. Spin-offs, startups tecnológicas y procesos de transferencia permiten que las soluciones desarrolladas en la universidad generen empleo calificado, fortalezcan la competitividad y contribuyan al bienestar social. Cuando el emprendimiento surge desde la ciencia, se convierte en una poderosa herramienta de desarrollo.

En la Universidad Peruana Cayetano Heredia, este enfoque forma parte de nuestra identidad. A lo largo de su historia, Cayetano ha contribuido de manera decisiva al conocimiento en salud, ciencias biomédicas, salud pública y ciencias básicas, con impacto directo en políticas públicas y en la formación de profesionales comprometidos con el país. Hoy, ese legado se proyecta hacia una nueva etapa: poner la ciencia cada vez más al servicio de la sociedad, fortaleciendo la innovación responsable y la transferencia del conocimiento.

El verdadero círculo virtuoso se completa cuando la inversión en ciencia retorna a la ciudadanía en forma de mejor salud, mayor equidad, mejores decisiones públicas y más oportunidades de desarrollo. Ese es el compromiso que debemos asumir como comunidad universitaria y como país.

Apostar por la ciencia no es un lujo; es una decisión estratégica. Apostar por la innovación con propósito no es una moda; es una responsabilidad. Y apostar por universidades comprometidas con el desarrollo nacional es, sin duda, una de las claves para construir el Perú que aspiramos.