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Perú ante el abismo moral: ¿crisis terminal o punto de inflexión?

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El reciente cambio de presidente en el Perú no es un episodio aislado. Es un síntoma más de una enfermedad estructural que atraviesa nuestra vida republicana: la normalización de la mediocridad política, la tolerancia social frente a la corrupción y la captura de las instituciones por intereses particulares.

La historiadora Carmen McEvoy ha advertido que el Perú ha sido tomado por “aves de rapiña”, en referencia a sectores del Congreso de la República que han convertido la política en un espacio de supervivencia personal y no de servicio público. Su metáfora no es retórica incendiaria; es un diagnóstico histórico. Nuestra República ha sufrido ciclos recurrentes de captura institucional por élites extractivas que privilegian el corto plazo y desmantelan los frágiles avances logrados.

La reciente elección de José María Balcázar en un contexto de creciente descrédito ciudadano no representa estabilidad, sino continuidad de una práctica: la política entendida como botín.

El impacto en la ciudadanía: desconfianza, cansancio y fragmentación

El mayor daño no es solo institucional. Es moral. La ciudadanía percibe que la política se ha desvinculado de la ética. Cuando se instala la idea de que “todos son iguales”, se erosiona el contrato social. La consecuencia es devastadora:

  • Aumento del abstencionismo y del voto emocional.
  • Radicalización del discurso público.
  • Normalización del cinismo.
  • Pérdida de referentes para la juventud.

La democracia no muere solo por golpes de Estado. Muere por desgaste moral.

Juventud abandonada: el caso de Beca 18

Beca 18 simboliza la esperanza de miles de jóvenes talentosos de bajos recursos. La falta de resolución oportuna en su convocatoria no es un trámite administrativo pendiente; es una señal política. Es el mensaje implícito de que el futuro no es prioridad.

En un país con enormes brechas educativas, la demora o incertidumbre en programas estratégicos reproduce desigualdad. Cada convocatoria no resuelta es una generación que siente que el Estado le dio la espalda. El abandono de la juventud no solo es injusto; es estratégicamente suicida.

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Este año solo se entregarán 10 mil Becas 18, la mitad de lo que el Gobierno de Dina Boluarte prometió inicialmente (Foto: Andina).

Salud pública debilitada

El sistema sanitario arrastra problemas crónicos: fragmentación, baja inversión sostenida, infraestructura insuficiente y crisis de gobernanza. Tras la pandemia, la ciudadanía esperaba reformas estructurales. Sin embargo, la agenda política ha estado centrada en disputas de poder, no en consolidar un sistema resiliente. El resultado es un Estado que reacciona, pero no previene; que atiende crisis, pero no construye políticas de largo plazo.

Inseguridad ciudadana: el miedo como estado permanente

La inseguridad se ha convertido en experiencia cotidiana. El crecimiento del crimen organizado, la extorsión y la violencia urbana afecta especialmente a sectores vulnerables y a emprendedores. Cuando el ciudadano siente que el Estado no protege su vida ni su trabajo, se fractura el principio básico de legitimidad. Sin seguridad no hay inversión, sin inversión no hay empleo, y sin empleo no hay cohesión social.

Entre el 10 y el 21 de octubre de 2025, la Policía Nacional del Perú reportó 54 homicidios, equivalente a casi una muerte violenta cada cuatro horas (Foto: Andina).

Crisis de valores: el núcleo del problema

El Perú enfrenta una crisis política, pero sobre todo una crisis ética. Hemos normalizado la improvisación, el transfuguismo, la impunidad y el cortoplacismo. No es solo un problema de personas; es un problema de incentivos institucionales y cultura política. Elegir líderes cuestionados no es accidente: es reflejo de partidos débiles, financiamiento opaco y ciudadanía fragmentada. Sin embargo, caer en la desmoralización sería el error final. La apatía es el terreno fértil de la captura del Estado.

¿Refundación o resignación?

Hablar de refundación no implica desconocer la historia republicana, sino asumir que el modelo de gobernanza necesita transformaciones profundas:

  1. Reforma política integral con fortalecimiento real de partidos.
  2. Políticas públicas de Estado con horizonte de 20–30 años.
  3. Meritocracia efectiva en el aparato público.
  4. Blindaje institucional frente a la captura de intereses.
  5. Inversión prioritaria en educación, ciencia y salud.

La refundación no será jurídica solamente; debe ser moral y cultural.

Convocar a la reserva moral

El Perú no es solo su crisis. Existe una reserva moral en sus universidades, en sus emprendedores, en sus científicos, en sus maestros, en sus profesionales, en su juventud que sigue creyendo. La historia peruana demuestra que los momentos más oscuros han precedido a reformas profundas. Pero esas reformas no nacen del enojo; nacen de pactos visionarios.

Un pacto social por el Perú

Lo que el país necesita no es solo un nuevo presidente, sino un nuevo acuerdo nacional:

  • Compromiso transversal contra la corrupción.
  • Prioridad absoluta a la educación, la salud y la juventud.
  • Reforma del sistema de justicia.
  • Seguridad ciudadana basada en inteligencia y prevención.
  • Política económica con inclusión social.

Un pacto social implica renuncias compartidas y metas comunes. Implica reconocer que ningún sector, por sí solo, puede rescatar al país. La pregunta no es si el Perú está en crisis. La pregunta es si esta crisis será terminal o transformadora.

No podemos permitir que el país quede en manos de “aves de rapiña”. Tampoco podemos entregarlo a la desesperanza. La refundación empieza por la convicción de que aún existe una reserva moral capaz de reconstruir la República. El Perú ha caído muchas veces. Pero también ha sabido levantarse. La historia no está escrita, nosotros debemos hacerlo con coraje.

Dr. Enrique Castañeda Saldaña
Rector Universidad Peruana Cayetano Heredia