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Running en Lima: ¿Moda pasajera o búsqueda de bienestar?

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Corredor 1
Runners corriendo en el Malecón de Miraflores.

Por Mauricio Berríos

¿Qué es lo que haces normalmente a las 5 de la mañana de un domingo?

La respuesta de la gran mayoría seguro es dormir. Para otros, quizá más jóvenes, regresar a casa de una fiesta con amigos. Los noctámbulos, en cambio, pueden aprovechar estas horas para alguna actividad de ocio o productividad. Sin embargo, hay quienes, sin esfuerzo y casi por inercia, deciden amarrarse las zapatillas y salir a correr. Se trata de los runners, una presencia cada vez más habitual en las calles limeñas.

El running es quizá el deporte más antiguo del mundo. Correr ha sido siempre no solo universalmente accesible y sencillo debido a nuestra biología, sino también una herramienta clave para la supervivencia de nuestros antepasados. Estuvo presente desde los primeros Juegos Olímpicos de la Antigüedad y, incluso en épocas recientes, hazañas en disciplinas similares en el atletismo como la de Usain Bolt y sus 100 metros planos en 9.58 segundos han seguido sorprendiendo al mundo.

Pero no hace falta ser rápido, especialmente atlético ni mucho menos un profesional para practicarlo. Con ganas y un calzado adecuado basta. En una ciudad como Lima, marcada por el estrés y la falta de tiempo, cada vez más personas encuentran en el running una forma de ejercitarse, despejar la mente y recuperar algo de control sobre su rutina.

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El boom del running

Los orígenes del running en el Perú se remontan hasta inicios del siglo pasado, pues la Media Maratón de Lima, fundada en 1909, es la más antigua del mundo y es la quinta carrera, sin importar la distancia, más añeja del planeta. Desde entonces, década a década, el interés por correr fue creciendo en nuestro país hasta llevar a la consolidación del deporte en las décadas de los 80s y 90s. 

Walter Takano, corredor desde hace más de 40 años y fundador de Intense Running Club, explica que, si bien el deporte ya era popular, aumentó exponencialmente su presencia durante la pandemia, ya que “cuando se prohíbe algo uno quiere obtenerlo a mayor costo. Es por esto que los meses de cuarentena provocaron que la gente valore más hechos tan simples como salir a caminar o correr”. 

Takano, quien también es dueño de una tienda deportiva pensada en aquellos que comparten su pasión, añade que, debido a la mortalidad de la COVID-19, las personas empezaron a preocuparse más por ser físicamente activos y así cuidar mejor su salud. 

La mayor prueba de este aumento de popularidad se refleja en el número de inscritos de la Maratón de Lima 42K: De 9000 en 2019 a 20 000 en 2025.

Además, las redes jugaron un papel fundamental, ya que, al tener a tantos usuarios compartiendo su nuevo hobby por TikTok o Instagram, no solo se contagió un espíritu deportivo, sino que se evidenció lo sencillo que es empezar.

El running es un deporte democrático, ya que es fácil, barato y accesible. En comparación a otras disciplinas, no necesitas un profesor o tomar clases para comenzar. Tampoco dependes de alquilar una cancha y balón, o de completar un equipo y conseguir un rival. Puedes correr feo, bonito, más o menos, pero igual corres”.

Correr para el cuerpo y la mente

La realidad es que con el paso de las semanas, correr deja de ser solo un esfuerzo físico y se convierte en un estímulo constante para el organismo. He ahí la importancia de volverlo parte de la rutina. Solo así el cuerpo podrá gozar de todos los beneficios del deporte. El Dr. Jorge Villarán, médico deportólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, explica que estos son múltiples:

A nivel cardiovascular se reduce el riesgo de hipertensión, infarto y accidentes cerebrovasculares. En el plano del metabolismo mejora el control de la glucosa, ayuda a prevenir la diabetes tipo 2 y colabora a mantener el peso corporal. Además, a nivel muscular, se fortalecen las piernas, caderas y columnas, así como previene la osteoporosis”.

Pero las ventajas no son solo físicas, sino que repercuten positivamente también en nuestra salud mental operando como válvula de escape emocional. Al respecto, el Mag. Emir Condori, psicólogo y docente de Cayetano Heredia, explica que deportes como el running provocan que el cuerpo produzca más endorfinas, las cuales causan una sensación de bienestar y relajación que ayudan a combatir la ansiedad, estrés y hasta mejoran la calidad del sueño. 

Si el deporte se realiza al aire libre en espacios abiertos y con vegetación el aporte positivo a la salud mental será mayor. Aumenta la sensación de bienestar y mejora el estado de ánimo de las personas, disminuyendo los niveles de estrés que pueda estar generando el propio espacio rutinario o la bulla que suele haber cuando uno realiza ejercicios en espacios cerrados como gimnasios o el propio hogar”.

Así, correr deja de ser solo una actividad física para convertirse en una herramienta cotidiana de regulación emocional. En una ciudad como Lima, donde el ruido, el tráfico y el estrés son parte del día a día, salir a correr no es solo moverse, es recuperar calma, claridad y bienestar en medio del caos urbano.

Desigualdad a pesar de la accesibilidad

Sin embargo, salir a correr en Lima no significa lo mismo para todos. Mientras algunos distritos ofrecen rutas amplias, áreas verdes y veredas en buen estado, en gran parte de la ciudad el simple acto de intentarlo se vuelve un riesgo. Walter Takano lo resume con crudeza: Los espacios mejor acondicionados para correr —el malecón de San Isidro, Miraflores, Barranco y parte de Chorrillos, el Pentagonito en San Borja, el Campo de Marte en Jesús María o la avenida Arequipa los domingos— representan un porcentaje ínfimo de la totalidad de rutas de la ciudad.

Lima creció de manera desordenada y sin considerar espacios públicos. Encontrar espacios ideales en los conos es difícil”, explica. En esos sectores, correr implica hacerlo entre pistas deterioradas, veredas inexistentes, tráfico intenso o zonas percibidas como inseguras. No es lo mismo entrenar frente al mar en la Costa Verde que hacerlo por avenidas como Tomás Valle o la Panamericana Norte.

Esta desigualdad urbana no solo desincentiva la actividad física, sino que empuja a muchas personas a ejercitarse en casa. Sin embargo, como advierte Takano, esa solución tampoco es ideal, pues se pierde la sensación de libertad, el contacto con la naturaleza y el componente emocional que hace del running algo más que un simple ejercicio. Para él, la ciudad necesita pensar en grande con parques amplios y adecuados, no solo pequeños espacios aislados.Un ejemplo interesante es el de Cusco, que planea convertir su antiguo aeropuerto en una especie de Central Park”, señala.

Desde la medicina deportiva, el diagnóstico es similar. Para el Dr. Jorge Villarán, la infraestructura urbana condiciona directamente el movimiento. Una vereda en mal estado o la falta de iluminación no solo desmotivan, sino que aumentan el riesgo de caídas, accidentes y lesiones”, explica. En zonas con menor infraestructura y mayor inseguridad, las barreras para ejercitarse se multiplican, profundizando brechas que ya existen en otros aspectos de la vida cotidiana.

Villarán enfatiza que este no es solo un problema de voluntad individual. “La actividad física no debería verse únicamente como recreación, sino como un factor clave para el cuidado de la salud”, afirma. En ese sentido, fomentar una vida activa requiere políticas públicas sostenidas, planificación urbana y una mirada de Estado que entienda el ejercicio como inversión en salud pública.

En Lima, correr puede ser una elección personal. Pero hacerlo de forma segura, constante y alejado del caos sigue siendo, para muchos, una cuestión de privilegio más que de voluntad.

Runners corriendo en la Plaza San Martín.

Empezar y sostener el hábito

Empezar a correr no requiere de mucho cerebro. Para Walter Takano, una de las formas más simples de hacerlo es salir con alguien que ya corra. “Hacerlo con esa persona, que seguro todos conocemos, ayuda a aprender el ritmo y a sentirse acompañado”, explica. El error más común, advierte, es sobreexigirse desde el inicio. Terminar exhausto solo aumenta el riesgo de lesiones y abandono.

Desde la medicina deportiva, el Dr. Jorge Villarán coincide en que la clave está en la progresión. Empezar caminando, alternar con trotes suaves y aumentar la distancia poco a poco permite que el cuerpo se adapte. Más que la velocidad, lo importante es la regularidad. Fortalecer piernas, usar un calzado adecuado y respetar los días de descanso ayuda a proteger las articulaciones y sostener la práctica en el tiempo.

Villarán también subraya la importancia de factores como la calidad del aire y la escucha del cuerpo. Elegir horarios y lugares con menor contaminación, y realizar un chequeo médico en ciertos casos, forma parte de una práctica responsable.

Pero correr no se sostiene solo desde lo físico. Para Takano, el hábito se construye cuando los beneficios superan al esfuerzo inicial. La constancia, más que la motivación, es lo que permite avanzar incluso en los días difíciles. En ese proceso, los grupos de running de Facebook o WhatsApp cumplen un rol clave, ya que orientan, acompañan y generan un sentido de pertenencia que empuja a seguir.

Con el tiempo, salir a correr deja de provocarnos flojera y pasa a remitirnos felicidad, pues entrenando el cuerpo se cansa, pero la cabeza descansa.