El Niño detrás de lo que comemos, pagamos y vivimos
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Por: Caleb Quispe Lopez
El calentamiento del Pacífico ya se manifiesta en temperaturas inusualmente altas en el litoral peruano. Sus consecuencias pueden extenderse desde la fauna marina y la actividad pesquera hasta los precios de los alimentos, el empleo y la economía de las familias.
El Perú enfrenta un nuevo episodio del Fenómeno del Niño (FEN) Costero que podría alcanzar una magnitud extraordinaria durante los próximos meses. El escenario es motivo de preocupación: el calentamiento del mar está acompañado de temperaturas del aire por encima de los valores habituales y de la posibilidad de lluvias intensas en la costa norte durante la temporada de precipitaciones. La comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno «El Niño» ENFEN mantiene la alerta por este fenómeno y prevé que sus condiciones persistan hasta mediados del otoño de 2027.
Pero El Niño no empieza ni termina con las lluvias, las inundaciones o los huaicos. Sus efectos también se extienden por el ecosistema marino, alteran la disponibilidad de recursos pesqueros y pueden repercutir en la producción de alimentos, el transporte de mercancías y los ingresos de miles de familias.
Para comprender esta cadena de consecuencias, este reportaje recoge las voces de tres especialistas: la ingeniera Grinia Ávalos, responsable de la Dirección de Meteorología, Clima y Ambiente Atmosférico del SENAMHI; la doctora Susana Cárdenas, especialista en fauna marina y pingüinos, docente e investigadora de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH); y la doctora Lucero Cahuana, economista y docente de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Sus perspectivas permiten entender cómo un cambio en las condiciones del océano puede terminar afectando la vida cotidiana de la población.



TODO EMPIEZA EN EL MAR
El Niño es un fenómeno climático que se desarrolla en el Pacífico ecuatorial a partir de un calentamiento sostenido de las aguas superficiales y subsuperficiales, en interacción con la atmósfera. Su evolución puede tomar meses e incluso más de un año, y sus manifestaciones no se limitan al litoral sudamericano: también pueden presentarse en Australia, Asia, Centroamérica y otras regiones, mediante mecanismos conocidos como teleconexiones atmosféricas.
En el caso peruano, es importante distinguir entre El Niño global y El Niño Costero. El primero se relaciona con el calentamiento del Pacífico ecuatorial central y tiene repercusiones climáticas en distintas partes del mundo. El segundo se concentra en el sector del océano más próximo a nuestras costas, conocido como región Niño 1+2, y puede producir efectos directos sobre el litoral peruano.
La magnitud del episodio no determina por sí sola el nivel de daño. También importan la época del año en que ocurre, la ubicación del calentamiento y su interacción con las condiciones atmosféricas. El Niño Costero de 2017, por ejemplo, no tuvo una magnitud extraordinaria, pero provocó graves afectaciones porque el calentamiento se intensificó durante el verano, cuando las lluvias ya estaban en su periodo más activo.

Regiones del Pacífico donde ha aumentado la temperatura del mar durante El Niño.
Imagen: SENAMHI
La experiencia de las últimas décadas muestra la diversidad de estos episodios. El Niño de 1982-1983 duró aproximadamente entre 18 y 20 meses y estuvo asociado con lluvias intensas y altas temperaturas en la costa norte, así como sequías importantes en la sierra sur. El de 1997-1998 volvió a generar precipitaciones intensas en la vertiente occidental del país, con consecuencias para la agricultura, la industria y la salud. En 2017, el calentamiento costero ocasionó nuevos daños, mientras que el episodio de 2023-2024 volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad del territorio.
“Cada evento de El Niño es una oportunidad de aprendizaje para la comunidad científica. Como no ocurren todos los años y cada episodio tiene características propias, aún necesitamos ampliar la información disponible para comprender mejor los complejos mecanismos de interacción entre el océano y la atmósfera, así como sus distintas manifestaciones”.
Ing. Grinia Ávalos – SENAMHI
En el escenario actual, el calentamiento ya se refleja en temperaturas inusuales. Algunas ciudades de la costa estaban registrando valores entre 5 y 7 °C por encima de lo normal, además de noches cálidas consecutivas y niveles de radiación ultravioleta propios del verano en pleno invierno. También se han registrado temperaturas del aire de entre 25 y 26 °C, que en algunas ocasiones alcanzaron los 28 °C en algunos momentos.
La categoría de Niño extraordinario se relaciona con anomalías de la temperatura superficial del mar que superan los 3,5 °C por encima de lo normal en el indicador correspondiente. Además, las temperaturas subsuperficiales, hasta unos 200 metros de profundidad, presentaban anomalías de entre 8 y 10 °C. Estas condiciones, por la cantidad de calor acumulado en el océano, difícilmente se revierten en pocos meses.
El pronóstico no significa que todos los efectos ocurrirán de la misma manera en cada región. Sin embargo, el aumento persistente de las temperaturas y la posible intensificación de las lluvias obligan a observar también aquello que sucede debajo de la superficie del mar.
Cuando el calentamiento rompe la cadena alimentaria marina
El mar peruano forma parte del ecosistema de la corriente de Humboldt, caracterizado por sus aguas frías y el afloramiento: el ascenso hacia la superficie de aguas profundas cargadas de nutrientes. Con la luz solar, estos nutrientes favorecen el desarrollo del fitoplancton, base de una red alimentaria que sostiene a numerosas especies de peces, aves y mamíferos marinos.
Cuando el océano se calienta, las condiciones físicas y biológicas que sostienen este ecosistema cambian. Los peces adaptados a aguas frías pueden desplazarse hacia el sur o buscar mayores profundidades. La anchoveta, una especie clave del mar peruano, puede volverse menos accesible para la pesca y para los animales que se alimentan de ella.
La consecuencia se extiende a toda la red trófica. Las aves marinas y los lobos marinos deben recorrer distancias mayores y dedicar más tiempo y energía a encontrar alimento. Si no consiguen suficientes presas, pierden peso y deterioran su condición corporal. La desnutrición también puede debilitar sus defensas y aumentar su susceptibilidad a determinados patógenos.
El hambre modifica, además, su comportamiento. Algunos animales se acercan a botes pescadores en busca de alimento y pueden quedar atrapados en redes de pesca. Conseguir peces, como la anchoveta, requiere un mayor esfuerzo y expone a las especies a nuevos riesgos.
Uno de los casos más preocupantes es el del pingüino de Humboldt, cuya reproducción depende de que los adultos puedan alternar sus salidas al mar con el cuidado del nido. Según el programa de monitoreo de especies en ecosistemas marino-costero, Punta San Juan, de los 200 nidos observados, solo dos permanecían activos. El abandono de más del 90 % de los nidos observados en ese contexto evidencia la gravedad del problema.
El proceso es especialmente delicado porque uno de los adultos debe permanecer incubando mientras el otro sale a alimentarse. Cuando el alimento escasea, las salidas pueden prolongarse tanto que el ejemplar que permanece en el nido termina abandonándolo para buscar comida. Si los adultos regresan demasiado tarde, los huevos pueden haberse enfriado y perderse la reproducción de toda esa temporada.
La recuperación tampoco es igual para todas las especies. La anchoveta tiene un ciclo de vida relativamente corto y puede recuperar parte de su población en un periodo más breve si las condiciones mejoran. En cambio, un pingüino de Humboldt demora entre tres y cuatro años en alcanzar la madurez sexual, y eso no garantiza que su primera reproducción sea exitosa. Si se pierde una cohorte reproductiva, la recuperación poblacional puede tardar mucho más.
En episodios anteriores, la recuperación de poblaciones de pingüinos y lobos marinos ha tomado entre ocho y diez años. Por ello, perder una temporada de reproducción puede tener efectos que se prolonguen mucho después de que disminuya el calentamiento del mar.
El desplazamiento de las especies también puede explicar algunos avistamientos inusuales cerca de las playas. Ballenas jorobadas y otros animales pueden aproximarse a la costa cuando encuentran allí presas disponibles. Estos avistamientos no significan necesariamente que las poblaciones estén aumentando, sino que sus movimientos y hábitos de alimentación pueden estar cambiando.
A ello se suma el riesgo sanitario. La gripe aviar es una enfermedad viral que afecta a las aves y que también ha ocasionado infecciones en humanos. Encontrar animales marinos muertos no permite determinar por sí solo la causa del fallecimiento: puede haber distintos patógenos involucrados. Por eso, no se deben manipular los cadáveres y es importante reportarlos a las autoridades para que puedan retirarlos y, cuando corresponda, tomar muestras.
El seguimiento de estos cambios requiere monitoreo constante. Los registros de mortalidad, el número de nidos, las parejas reproductoras y la distribución de las especies permiten identificar alteraciones que pueden ocurrir en poco tiempo. Como los animales se desplazan a lo largo del ecosistema de Humboldt, la coordinación entre instituciones de Perú y Chile es fundamental para comprender la dimensión regional del problema.
“Un solo punto fijo de monitoreo no es suficiente para entender el desplazamiento de los animales a escala regional. Necesitamos fortalecer la vigilancia de manera binacional, entre Perú y Chile, con la participación de distintas instituciones”.
Dra. Susana Cárdenas – Facultad de Ciencias e Ingenierías, UPCH
De la anchoveta a la mesa de las familias
La alteración del ecosistema marino no afecta únicamente a la biodiversidad. También compromete una actividad económica de gran importancia para el país: la pesca.
La anchoveta es la principal materia prima para producir harina y aceite de pescado, insumos utilizados en la alimentación de animales de crianza y en la acuicultura internacional. Por eso, una menor disponibilidad de esta especie puede afectar a los pescadores, a las empresas pesqueras y a las cadenas productivas que dependen de esos insumos dentro y fuera del Perú.
Pese a la reducción de la cuota de pesca respecto de la temporada anterior, las capturas acumuladas no alcanzaban el 5 % de lo esperado para ese momento. La cifra reflejaba la preocupación existente entonces por el desempeño de la temporada y sus posibles repercusiones económicas.

Si la oferta de anchoveta disminuye, la producción de harina de pescado puede encarecerse o reducirse. Esto repercute en los costos de alimentación de otras especies de cultivo y puede trasladar presiones a los precios de los pescados y productos relacionados.
Foto: El Comercio
El efecto no se detiene en el sector pesquero: avanza por una cadena de producción, distribución y comercialización.
La agricultura enfrenta riesgos similares, aunque por mecanismos diferentes. Las lluvias intensas pueden inundar campos, deteriorar cultivos y bloquear vías; los déficits de precipitaciones, por su parte, perjudican las siembras, las cosechas y la disponibilidad de agua. Los efectos del Niño afectan a la producción de algunos alimentos en el norte y el sur, incluidos cítricos y otros productos agrícolas.
Cuando la producción disminuye, los mercados reciben menos mercancía. Si, además, las carreteras quedan interrumpidas por huaicos o inundaciones, los costos de transporte aumentan y los productos pueden tardar más en llegar a las ciudades. Lima, que depende del abastecimiento procedente de distintas regiones, también puede experimentar estas presiones.
El resultado puede ser un aumento del precio de los alimentos. Sin embargo, el impacto no se limita a la canasta básica: las familias productoras también pierden ingresos cuando no pueden cosechar o vender sus productos. De esta manera, el mismo fenómeno puede afectar simultáneamente a quienes producen los alimentos y a quienes necesitan comprarlos.
El impacto económico: precios, producción y empleo
El Niño puede actuar como un shock de oferta: reduce la disponibilidad de determinados bienes y, al mismo tiempo, presiona sus precios al alza. Este mecanismo ayuda a comprender por qué un fenómeno climático puede repercutir en la inflación y en el crecimiento económico.
Las cifras recopiladas del Banco Central de Reserva del Perú muestran que los resultados varían de un episodio a otro. Durante El Niño de 1982-1983, el PBI registró una variación de −10,4 % en 1983, mientras que la inflación alcanzó el 125,1 %. En 1998, durante El Niño de 1997-1998, el PBI varió −0,4 % y la inflación fue de 6,0 %. En 2017, durante el Niño Costero, el PBI creció 2,5 % y la inflación llegó a 1,4 %. En 2023, durante el contexto del ciclón Yaku y El Niño Costero, el PBI varió −0,4 % y la inflación alcanzó el 3,2 %.
Estas cifras corresponden a indicadores anuales de la economía nacional y no representan, por sí solas, todas las pérdidas ocasionadas por cada episodio. Aun así, permiten observar que el impacto económico depende de las condiciones particulares de cada evento y de la capacidad del país para responder a sus consecuencias.
Los efectos también pueden extenderse a la minería, el comercio y las exportaciones. Aunque algunas actividades no dependan directamente del clima para producir, sí necesitan carreteras, puertos y redes de transporte operativas. Un huaico que interrumpe una vía estratégica puede retrasar el traslado de minerales y otras mercancías, afectar los compromisos comerciales y generar costos adicionales. La incertidumbre también puede influir en las decisiones de compra. Si las familias o los comerciantes anticipan una escasez, pueden aumentar sus compras o almacenar productos.
Esa reacción, sumada a una reducción real de la oferta, puede incrementar la presión sobre los precios antes de que se materialicen todos los daños previstos.

Precio del limón (FEN 2017)
El empleo es otro eslabón de esta cadena. Si disminuye la actividad pesquera, agrícola o ganadera, las familias que dependen de esos sectores pueden perder sus ingresos. Algunas personas buscarán otras ocupaciones, pero no siempre encontrarán empleos estables o de productividad similar. En un país con altos niveles de informalidad laboral, una emergencia climática puede agravar la vulnerabilidad de quienes ya tienen una protección económica limitada.
Por ello, el riesgo no se mide únicamente en pérdidas de producción o en el aumento de los precios. También debe observarse la capacidad de las familias para mantener su alimentación, cubrir sus necesidades y recuperarse después de una interrupción prolongada de sus actividades.
Prevenir cuesta menos que reconstruir
La experiencia peruana muestra que los efectos de El Niño no dependen exclusivamente de la intensidad del calentamiento. También están relacionados con la preparación de las ciudades, el estado de las carreteras, la resistencia de los hospitales y las escuelas, y la capacidad de los servicios públicos para responder a una emergencia.
La prevención de desastres permite reducir las pérdidas y evitar que una interrupción temporal se convierta en un problema prolongado. La información recopilada para este reportaje recoge una estimación del Banco Mundial y las Naciones Unidas según la cual, por cada dólar invertido en infraestructura resiliente, pueden ahorrarse cuatro dólares en costos de reconstrucción.

Este tipo de inversión puede incluir carreteras preparadas para soportar lluvias intensas, sistemas de drenaje, hospitales protegidos y escuelas capaces de mantener sus actividades durante una emergencia.
Refugio temporal por inundaciones (FEN 2017).
La preparación también debe incorporar la seguridad alimentaria. Si se dañan los cultivos o se interrumpe el transporte, las familias con menores ingresos son las que tienen menos margen para afrontar el encarecimiento de los alimentos. Fortalecer los sistemas de salud, proteger la infraestructura y asegurar rutas de abastecimiento puede reducir la magnitud de estas consecuencias.
En el ámbito ambiental, la vigilancia de las especies y de sus condiciones reproductivas es igualmente importante. El registro de la mortalidad, el monitoreo de los nidos y el seguimiento de los desplazamientos permiten reconocer cambios en el ecosistema y orientar las acciones de conservación antes de que las pérdidas sean mayores.
El Niño es un fenómeno natural, pero la magnitud de sus consecuencias también depende de las decisiones que se toman antes de que llegue el momento más crítico. El calentamiento comienza en el océano; sus efectos, sin embargo, pueden sentirse en los mercados, el empleo, la alimentación y la vida de las familias. Entender esa conexión es el primer paso para prepararnos mejor y evitar que una emergencia climática termine convirtiéndose en una crisis social y económica.
“Si contamos con sistemas de salud capaces de responder ante epidemias asociadas, por ejemplo, a las aguas estancadas que dejan las lluvias, podemos reducir los efectos en la salud de la población. Del mismo modo, contar con escuelas preparadas para resistir lluvias inusuales e inundaciones permite que los estudiantes continúen con sus clases”.
Dra. Lucero Cahuana – Facultad de Salud Pública y Administración, UPCH












