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Hipoxia, cognición y prejuicios: lo que la ciencia nos enseña sobre vivir en altura
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Las recientes declaraciones de Rafael Santos, quien atribuyó a la falta de oxígeno una supuesta incapacidad de los habitantes del Cusco para razonar adecuadamente y tomar decisiones electorales, han generado una comprensible controversia. Sin embargo, más allá de las implicancias sociales de sus palabras, resulta necesario examinar qué nos dice realmente la evidencia científica.
Es cierto que la exposición a hipoxia, condición en la que disminuye la disponibilidad de oxígeno para el organismo, puede modificar determinadas funciones cognitivas, como la atención, la memoria de trabajo o la velocidad de procesamiento. Sus efectos dependen de múltiples factores, como la intensidad y duración de la exposición, los mecanismos de aclimatación y adaptación, y las condiciones fisiológicas de cada individuo.
Por esta razón, los resultados observados en personas que ascienden rápidamente desde el nivel del mar no pueden extrapolarse directamente a poblaciones que han vivido durante generaciones en ambientes de altura. Los cambios en el rendimiento de determinadas pruebas cognitivas tampoco permiten concluir que exista una menor inteligencia o capacidad de razonamiento.
Una discusión que comenzó hace cien años
En 1921, el fisiólogo británico Joseph Barcroft dirigió una expedición científica a Cerro de Pasco para estudiar los efectos de la exposición a grandes altitudes. A partir de sus observaciones, en 1925 afirmó que s los habitantes de altura presentaban capacidades físicas y mentales disminuidas.
Aquella generalización fue cuestionada por el médico peruano Carlos Monge Medrano, quien en 1927 impulsó investigaciones en los Andes centrales para comprender las características fisiológicas de sus habitantes y sus mecanismos de adaptación.
Estos trabajos contribuyeron a consolidar una tradición científica peruana dedicada al estudio de la fisiología de altura, que continúa vigente. Resulta llamativo que, un siglo después, volvamos a encontrarnos con afirmaciones que pretenden explicar la capacidad intelectual de poblaciones enteras a partir de una sola condición ambiental.
¿Qué sabemos actualmente?
La investigación científica ha avanzado considerablemente en la comprensión de los efectos de la hipoxia sobre el organismo humano. Las poblaciones andinas y tibetanas, por ejemplo, presentan mecanismos de adaptación diferentes frente a la exposición crónica a la hipoxia. También sabemos que determinadas condiciones clínicas asociadas con la residencia en grandes altitudes pueden afectar funciones cognitivas específicas.
Un estudio publicado en 2025 en High Altitude Medicine & Biology, con participación de investigadores de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, evaluó la relación entre hipoxemia nocturna y rendimiento cognitivo en residentes permanentes de gran altura. El estudio encontró asociaciones entre la oxigenación nocturna y determinados indicadores de rendimiento cognitivo. Sin embargo, sus resultados no permiten establecer conclusiones sobre la inteligencia general de estas poblaciones.
Estos resultados tampoco permiten explicar las preferencias electorales de estas poblaciones. Las decisiones políticas involucran factores históricos, sociales, económicos, culturales y personales. Una decisión electoral con la que discrepamos no constituye evidencia de una alteración cognitiva.
¿Por qué necesitamos seguir investigando la fisiología de altura?
Esta controversia plantea una cuestión de fondo: la importancia de investigar la fisiología de altura para comprender las condiciones de vida, salud y desarrollo de millones de personas.
La geografía del Perú ofrece condiciones excepcionales para estudiar la respuesta humana a la hipoxia. Una proporción importante de nuestra población vive, trabaja y desarrolla sus actividades en ambientes de altura, donde la menor disponibilidad de oxígeno interactúa con factores ambientales, ocupacionales, sociales y de salud.
Comprender estas respuestas tiene implicancias concretas para la prevención y el tratamiento de enfermedades, la salud materna y reproductiva, el desarrollo infantil, la salud ocupacional y el estudio del rendimiento físico y cognitivo. También puede contribuir al diseño de políticas públicas adaptadas a las características de nuestras poblaciones.
En el Instituto de Investigaciones de la Altura de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, esta labor forma parte de una tradición científica orientada a comprender los mecanismos de adaptación y las condiciones fisiopatológicas asociadas con la exposición a hipoxia.
Este campo de estudio también permite abordar preguntas que trascienden nuestras fronteras, relacionadas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, oxigenación tisular y las respuestas del organismo ante una baja disponibilidad de oxígeno.
Fortalecer la investigación en fisiología de altura permite generar conocimiento que puede traducirse en mejores decisiones sanitarias, estrategias de prevención e intervenciones basadas en evidencia.
La responsabilidad de interpretar correctamente la ciencia
La ciencia avanza mediante la formulación de preguntas, el contraste de hipótesis y el reconocimiento de los límites de sus resultados. Por ello, un hallazgo obtenido en determinadas condiciones no debe utilizarse indiscriminadamente para caracterizar a toda una población.
La historia de Barcroft y Monge nos recuerda que las interpretaciones científicas pueden estar condicionadas por las limitaciones metodológicas y los marcos conceptuales de su época. También pone de relieve la importancia de desarrollar investigación propia que responda a preguntas pertinentes para nuestra realidad.
Las declaraciones que motivaron esta controversia son desafortunadas, pero ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre el valor social de la investigación científica y la responsabilidad de comunicar sus resultados.
Un hallazgo fisiológico no puede convertirse en un juicio sobre la capacidad intelectual de una población.
Después de un siglo de investigación sobre la vida en altura, quizás la pregunta más importante sea: ¿estamos aprovechando suficientemente ese conocimiento para mejorar las condiciones de vida y salud de nuestras poblaciones?
Referencias científicas
- Pamo OG. (2005). Joseph Barcroft y la expedición anglo-americana a los Andes Peruanos (1921–1922). Anales de la Facultad de Medicina.
- West JB. (2016). Barcroft’s bold assertion: All dwellers at high altitudes are persons of impaired physical and mental powers. The Journal of Physiology.
- The effects of long-term high-altitude exposure on cognition: A meta-analysis. (2024).
- Young EV et al. (2025). The Effects of Nocturnal Hypoxemia on Cognitive Performance in Andean Highlanders. High Altitude Medicine & Biology. DOI: 10.1089/ham.2024.0077.






