Innovación para crear puentes entre clima y salud
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Por Francisco Vidal
Cuando un sistema de salud detecta un brote de dengue, ya perdió entre dos y tres semanas. El mosquito Aedes aegypti necesita ese tiempo para completar su ciclo larval, infectarse al picar a una persona enferma, incubar el virus durante días y transmitirlo a un nuevo huésped. Para cuando ese nuevo huésped desarrolla síntomas y llega al sistema de notificación, la transmisión lleva semanas ocurriendo en silencio.
En la epidemiología tradicional, se registra lo que ya pasó y se actúa sobre lo que ya se propagó. Lo que el Dr. Gabriel Carrasco-Escobar persigue, en cambio, es anticipar el brote antes de que ocurra y detectar las condiciones que lo hacen probable antes de que el mosquito se propague por la comunidad. Para eso se necesitan datos que los sistemas actuales no tienen y métodos capaces de integrar esa información con lo que la epidemiología ya sabe sobre clima y transmisión.
«Tenemos problemas de salud pública en el 2026 que abordamos con estrategias de hace muchos años», menciona el Dr. Carrasco, investigador de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y director del Laboratorio de Innovación en Salud (InnovaLab). «Vamos más de cincuenta años usando con las mismas estrategias de vigilancia y control.»
Este año, la Fundación Rockefeller lo seleccionó como Fellow para su residencia del Bellagio Center Residency Program 2026, uno de los programas académicos más prestigiosos del mundo. Desde 1959, el centro ha convocado a más de 5 mil líderes de más de 140 países, incluidos 18 premios Nobel, para abordar colectivamente los desafíos globales más complejos. En esa residencia, el Dr. Carrasco-Escobar desarrollará un marco para la vigilancia de enfermedades sensibles al clima que combine nuevas tecnologías, datos ambientales y modelos de precision surveillance capaces de estimar en tiempo real la probabilidad de que algo ocurra.
Lo que el clima influye
La expresión «enfermedades sensibles al clima» describe las relaciones causales que se originan en los cambios de patrones climáticos e impactan (de forma directa- e indirectamente) en las enfermedades infecciosas y muchas no transmisibles. Una inundación que destruye un puesto de salud suspende las campañas de vacunación, así como una ola de calor que supera la capacidad hospitalaria colapsa la atención de enfermedades.
Y luego están los vínculos menos obvios. «El dengue es un problema donde la disposición de agua potable contribuye tanto o más que los factores climáticos», dice Carrasco-Escobar. Esto revela una limitación profunda en la manera en que se organiza la salud pública. Carrasco-Escobar insiste en que muchos de los problemas que hoy determinan la salud no pueden resolverse únicamente desde dicho sector. Por ejemplo, las olas de calor requieren planificación urbana e infraestructura adecuada, mientras que la contaminación del aire depende de decisiones sobre transporte, energía e industria. “Necesitas herramientas y conversar con personas de múltiples campos para solucionar un problema que directamente impacta en la salud”, menciona.
A esa complejidad se suma otra, vinculada a la fragmentación de datos. La información necesaria para anticipar riesgos climáticos y sanitarios suele estar dispersa entre instituciones que históricamente han trabajado de manera aislada. Los datos climáticos se producen en una entidad, los registros epidemiológicos en otra y los indicadores sociales en una tercera. Integrar toda esa información para pasar de asociaciones generales, como el efecto de la lluvia y la temperatura sobre los mosquitos que transmiten malaria o dengue, a estimaciones de riesgo en lugares y momentos concretos, es precisamente lo que InnovaLab busca hacer.

Conectando disciplinas
InnovaLab nació en 2019 en el Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt de Cayetano Heredia con la premisa de que los problemas de salud, cuyas causas cruzan varias disciplinas, también necesitan ser investigados desde múltiples enfoques. No únicamente por el valor de la interdisciplinariedad en sí misma, sino porque la cadena causal no está organizada según los límites de los departamentos académicos. El conocimiento producido en aislamiento, a veces, también conduce a interpretaciones engañosas.
Carrasco-Escobar lo describe con una imagen que le ha tomado años precisar. «Nos hemos dedicado a construir nuestras disciplinas como silos. Nos hemos sentido cómodos en ir más profundo de forma aislada, generando conocimiento, pero aislándonos de los demás. Somos un archipiélago incomunicado», menciona. El problema no es que cada isla ignore que las otras existen, sino que entre ellas no hay un lenguaje común, no hay protocolos compartidos, no hay infraestructura para que el conocimiento producido en una llegue a las demás de forma utilizable.
Lo primero que InnovaLab tuvo que construir al operar de forma genuinamente interdisciplinaria fue un lenguaje compartido. Sin ese trabajo semántico previo, la colaboración entre campos hubiese resultado muy compleja. Hoy Innovalab reúne epidemiólogos, médicos, científicos de datos, economistas, comunicadores y politólogos que trabajan de forma integrada. En 2021 el laboratorio sumó un espacio en los Laboratorios de Investigación y Desarrollo (LID) de la Facultad de Ciencias e Ingeniería, y ha formado a más de cuarenta profesionales que luego llevaron ese enfoque a otras instituciones nacionales e internacionales.

Tres frentes, un problema
Los proyectos actuales de InnovaLab operan sobre la misma pregunta desde ángulos distintos. HARMONIZE desarrolla una infraestructura digital para crear sistemas de alerta temprana para epidemias exacerbadas por el cambio climático, integrando de forma sistemática datos epidemiológicos, sociales y climáticos que hoy se producen de forma desarticulada.
TACTIC, por su parte, busca estimar con mayor precisión cuánto del riesgo en salud puede atribuirse al cambio climático u otros factores. Con esos datos, el equipo busca construir mapas detallados de propagación de enfermedades en función de las proyecciones climáticas y anticipar acciones en las comunidades más vulnerables.
Esa distinción importa porque tiene implicancias directas para el diseño de intervenciones y la política de adaptación. Si bien reforzar un sistema de vigilancia y rediseñar la infraestructura de agua potable de una ciudad podrían reducir casos de dengue, el sistema responde al vector y el rediseño a las condiciones que lo alimentan. Entender qué parte del problema está asociada al clima permite priorizar acciones en base a evidencia.
En paralelo, InnovaLab participa en SALURBAL-Clima, una plataforma que estudia la relación entre cambio climático y salud urbana en 371 ciudades y cerca de 45 mil barrios de once países latinoamericanos. También forma parte de la red Multi-Country Multi-City (MCC), dedicada a construir evidencia epidemiológica global sobre la relación entre estresores ambientales y salud. Los hallazgos del laboratorio han contribuido a documentos técnicos elaborados junto al Ministerio de Economía y Finanzas, el Banco Mundial y la Gerencia Regional de Salud de Loreto.

Una trayectoria no lineal
Carrasco-Escobar insiste en desromantizar su propia trayectoria cuando le preguntan por ella. Empezó en la Facultad de Salud Pública y Administración de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, donde dos años le bastaron para enamorarse de la epidemiología. Se pasó a Biología porque ofrecía las herramientas técnicas que necesitaba, aun sabiendo que la mayoría de los cursos no estaban orientados hacia los problemas de su interés. Después regresó a salud pública para la maestría y eligió para el doctorado la Universidad de California San Diego (UCSD) para desplazarse entre geografía, epidemiología e ingeniería sin sentir que estaba abandonando el problema central.
«Podría contar una historia en retrospectiva sobre lo maravilloso que fue estar decidido desde el pregrado. Y eso no es verdad”, menciona. “La trayectoria académica no es una historia de éxitos. Se trata de empezar de cero, descubrir, redescubrir y replantear.» Lo que ese recorrido fue construyendo, dice, no es un plan sino la orientación a tener la curiosidad como brújula.
La tecnología que hoy usa para recolectar datos ambientales en la Amazonía (drones, sensores acústicos, monitores ambientales, entre otros) viene de la ecología y de la ingeniería, no de la epidemiología. Carrasco-Escobar la tomó de ahí y la orientó hacia otro destino. «Podría utilizar los drones y los sensores para impactar en ecología, para impactar en sociología y demás. No, yo quiero impactar en salud.» La transferencia no ocurre sola; requiere que alguien entienda ambos lados lo suficiente para ver qué puede viajar entre ellos.
Detrás de esa capacidad para conectar disciplinas no hubo una trayectoria lineal. Hubo intentos fallidos, proyectos que no prosperaron y caminos que terminaron en callejones sin salida «Si es que ahora estoy yendo a la residencia con un discurso sobre lo que hemos encontrado y lo que podemos articular y compartir es después de un viaje bien tormentoso», dice. «Un viaje que nos ha llevado por cientos de lugares donde las ideas no funcionaron, donde el financiamiento no llegó».

Siguientes pasos
En Bellagio Center, Carrasco-Escobar compartirá espacio con gestores de política pública, artistas, activistas e investigadores de disciplinas que normalmente no se cruzan, dentro de un programa diseñado para el encuentro académico y científico. Trabajará en el marco de precision surveillance que viene construyendo desde InnovaLab, pero exponiéndolo a perspectivas que transcienden a la epidemiología. ¿Cómo se toman decisiones bajo incertidumbre?, ¿cómo se comunica riesgo a comunidades con distinta capacidad de respuesta?, ¿qué significa equidad cuando un sistema de alerta anticipa brotes en las zonas que más los sufren, pero menos pueden actuar?
La alternativa a construir sistemas capaces de anticipar estos riesgos, dice Carrasco-Escobar, es bastante concreta. «¿Qué pasa si no funciona? Nos quedamos con sistemas de alerta temprana que existían antes que nacieran mis papás.» No lo dice como catastrofismo, sino como descripción del estado actual de las cosas. En el archipiélago, los sistemas de salud siguen mirando el pasado mientras el clima cambia el presente a una velocidad que las técnicas pasadas no pueden anticipar. Construir los puentes, en ese contexto, es lo que la situación exige.
Puedes conocer más sobre los proyectos y la investigación que realiza InnovaLab aquí.










