Países de las Américas trazan una ruta común para vigilar la malaria con herramientas moleculares
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El Primer Taller Regional para la Implementación de la Red Malaria Molecular Surveillance (MMS) Américas concluyó en la Universidad Peruana Cayetano Heredia con hojas de ruta nacionales y tres líneas de trabajo comunes para llevar la vigilancia molecular de la malaria a la práctica. Durante tres días, del 24 al 26 de agosto, el encuentro reunió en Lima a representantes de programas nacionales de malaria, laboratorios de referencia, investigadores y especialistas de más de 15 países de América Latina y el Caribe.
La vigilancia molecular permite leer en el material genético del parásito lo que el microscopio o una prueba rápida no muestran. Con ella es posible saber, por ejemplo, si una prueba da un falso negativo porque el parásito Plasmodium falciparum perdió los genes que ayudan a que la prueba detecte, o si un caso se originó en un país o llegó de otro, aspecto clave para los países que avanzan hacia la eliminación. La conclusión central del taller fue que la región ya tiene capacidades técnicas importantes y que el avance dependerá de colaborar y aprovechar las fortalezas de cada país.
Desde abril de 2026, Cayetano Heredia conduce la red a través del Centro de Entrenamiento e Investigaciones Biomédicas de la Amazonía (CEIBA), junto con la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Su Comité Directivo incluye a la Harvard T.H. Chan School of Public Health y a la Organización Panamericana de la Salud, y la iniciativa cuenta con financiamiento de la Fundación Gates. La coordinación técnica del taller estuvo a cargo de la Dra. Dionicia Gamboa y el Dr. Luis Cabrera Sosa, investigadores del CEIBA.

Preguntas que el microscopio no responde
Además de las fallas diagnósticas y del origen de los casos, la primera jornada repasó otras preguntas que la vigilancia molecular ayuda a responder. Los participantes abordaron cómo detectar infecciones submicroscópicas, las de personas que portan tan pocos parásitos que el microscopio no los detecta y que, sin síntomas, pueden seguir sosteniendo la transmisión. También analizaron cómo identificar marcadores genéticos de resistencia a los antimaláricos en el parásito, y a los insecticidas en el mosquito, para actuar antes de que las medidas de control pierdan eficacia.
La jornada abordó también el análisis de conectividad entre focos de transmisión, que permite saber si los parásitos circulan entre distintas zonas. Los participantes resaltaron, además, la importancia de integrar la vigilancia molecular de los mosquitos vectores como complemento de las estrategias de control de la malaria.
Un mapa de lo que hay y lo que falta
El segundo día estuvo dedicado a los laboratorios de la región. Los resultados de la evaluación regional de capacidades de laboratorio de la red mostraron que la mayoría de los países cuenta con infraestructura y competencias básicas de biología molecular, pero también brechas persistentes en bioinformática, aseguramiento de la calidad, acceso a insumos de laboratorio y sostenibilidad del financiamiento. La brecha bioinformática es decisiva, porque una secuencia genética se vuelve útil para un programa de salud solo cuando alguien puede analizarla e interpretarla.
En grupos subregionales, las delegaciones de Mesoamérica y el Caribe, la Amazonía Andina y la Amazonía Guayanesa identificaron prioridades propias y encontraron puntos comunes, como fortalecer el diagnóstico molecular y la vigilancia de resistencia, investigar los casos importados y armonizar procedimientos entre países. También fijaron los requisitos mínimos para avanzar en diagnóstico molecular, secuenciación y bioinformática, y priorizaron la elaboración de procedimientos operativos estandarizados (POEs).

Hojas de ruta propias, un rumbo compartido
En la última jornada, cada delegación nacional elaboró una hoja de ruta preliminar con objetivos, actividades prioritarias y necesidades de apoyo para los próximos 6 a 12 meses. Puestas en común, mostraron que las demandas se repiten de un país a otro y se concentran en bioinformática, POEs, capacitación técnica, evaluación externa de la calidad e intercambios entre laboratorios.
Sobre esa base, la Red MMS Américas acordó tres líneas prioritarias, que formarán parte de su plan de trabajo 2026-2028. La primera es ampliar la participación de los laboratorios en el programa de evaluación externa de la calidad de las pruebas moleculares para malaria de la Organización Mundial de la Salud (WHO Malaria NAAT EQA), para que un resultado obtenido en Honduras sea comparable con uno obtenido en el Perú o en Brasil. La segunda es establecer mecanismos de intercambio y asistencia técnica entre instituciones, de modo que la experiencia de un laboratorio pueda acortar el camino de otro. La tercera es desarrollar procedimientos y guías técnicas armonizadas, que la red prevé poner a disposición en una plataforma digital y multilingüe para sus miembros.
El taller marcó el paso de una red en construcción a una red con tareas definidas, cuya implementación Cayetano Heredia acompañará desde el CEIBA. La meta es que, cuando una prueba dé negativo frente a un parásito que sí está presente, cada país de la región cuente con la capacidad de investigar por qué ocurrió y con datos que puedan compararse y leerse de la misma manera al otro lado de la frontera.










