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Pesca industrial y conservación marina: una decisión que no puede esperar
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El Perú enfrenta una decisión histórica y urgente. En pocas semanas, el actual Congreso de la República dejará el poder y dará paso a un nuevo sistema bicameral. Antes de concluir su mandato, tiene la responsabilidad de aprobar una ley clara y definitiva que prohíba la pesca industrial dentro de las áreas naturales protegidas marinas del país. No hacerlo significaría dejar abiertas las puertas a nuevas presiones extractivas sobre ecosistemas creados precisamente para conservar la biodiversidad y garantizar el futuro del mar peruano.
Durante los últimos tres años, las áreas marinas protegidas del Perú han estado sometidas a una creciente vulnerabilidad legal y política. Diversos sectores de la industria pesquera han impulsado interpretaciones normativas orientadas a flexibilizar o debilitar las restricciones dentro de estos espacios. Esta situación ha generado incertidumbre jurídica y un peligroso precedente: convertir las áreas protegidas en territorios negociables según intereses económicos de corto plazo. Sin una prohibición explícita y firme, estas áreas seguirán expuestas a reinterpretaciones que amenazan su integridad ecológica y reducen su efectividad real.

La urgencia es aún mayor este año. El Perú se encuentra bajo alerta por El Niño, un fenómeno que históricamente ha generado impactos severos sobre la productividad marina y la supervivencia de numerosas especies. En el actual contexto de cambio climático, con un océano que continúa calentándose, enfrentamos un escenario de alta vulnerabilidad ecológica. Por ello, resulta fundamental que las áreas marinas protegidas permanezcan verdaderamente resguardadas de actividades industriales de gran escala. Incluso hoy, la pesquería industrial de anchoveta ha debido cerrarse temporalmente debido al elevado porcentaje de juveniles capturados en las redes de cerco. Esta situación refleja con claridad el delicado estado de los recursos marinos y la necesidad urgente de reducir presiones adicionales sobre el ecosistema.
Las áreas naturales protegidas no fueron creadas como simples límites administrativos sobre un mapa. Son refugios críticos para especies vulnerables, zonas de reproducción y alimentación, y espacios esenciales para mantener procesos ecológicos que sostienen la productividad del mar peruano. Permitir la pesca industrial dentro de ellas contradice directamente el objetivo de conservación para el cual fueron establecidas.
Además, proteger efectivamente estas áreas beneficia también a la sostenibilidad pesquera del país. Diversos estudios muestran que las áreas marinas protegidas contribuyen al incremento de biomasa, al aumento del tamaño de los peces y al repoblamiento de zonas adyacentes utilizadas por la pesca artesanal. Defender estos espacios no significa ir en contra de la pesca; significa asegurar que exista pesca en el futuro.
El reciente fallo de la Corte Suprema, que excluyó definitivamente la pesca industrial dentro de la Reserva Nacional de Paracas, representa un precedente histórico. Sin embargo, depender únicamente de decisiones judiciales no es suficiente. Se necesita una ley nacional que elimine ambigüedades y garantice una protección efectiva y permanente.
El Congreso aún puede actuar con responsabilidad y visión de futuro. Aprobar esta prohibición antes del cierre del actual periodo parlamentario sería una señal clara de compromiso con la conservación marina, la seguridad alimentaria y el patrimonio natural del Perú. El tiempo se agota, y las decisiones que se tomen hoy definirán el futuro del mar peruano para las próximas generaciones.







