Las abejas sin aguijón y el mapa del bosque que su miel esconde, desde la investigación de Rossana Paredes
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Por Francisco Vidal
A simple vista, una gota de miel parece guardar únicamente azúcares, agua y compuestos aromáticos. Pero bajo el microscopio, esa misma gota contiene cientos de granos de polen que las abejas transportaron en sus cuerpos al recorrer el bosque en busca de néctar. Cada grano tiene una morfología única, una especie de huella dactilar botánica, que permite identificar la planta de la que proviene. Para quien sabe leerlos, esos granos son un registro de los viajes de las abejas, una cartografía microscópica de sus relaciones con el bosque que las sostiene.
La Dra. Rossana Paredes lleva años perfeccionando esa lectura a través de la melisopalinología (el análisis del contenido polínico de la miel) aplicada a las abejas sin aguijón, un grupo de insectos que la ciencia peruana apenas había comenzado a documentar. Desde la Universidad Peruana Cayetano Heredia, ha construido la primera línea sistemática de investigación sobre estos insectos en el país. Este año, esa línea de investigación la llevó a ser seleccionada como Fulbright Visiting Scholar 2026 para realizar una estancia de investigación en Estados Unidos.

Los polinizadores que siempre estuvieron
Cuando se habla de abejas, casi siempre se piensa en Apis mellifera, la especie europea que llegó al continente con la colonización y que hoy domina la apicultura convencional. Pero en la Amazonía peruana conviven con ella decenas de especies de meliponinos (abejas sin aguijón) que llevan millones de años interactuando con la flora nativa. Son más pequeñas, no pican, y su miel ha sido recolectada y valorada por comunidades amazónicas desde épocas prehispánicas. Cuando la investigadora inició su trabajo en esta línea, existían menos de veinte artículos científicos sobre estas abejas en el Perú. La riqueza ecológica de los meliponinos estaba más presente en el conocimiento de las comunidades que los manejan que en la ciencia formal.
La particularidad ecológica de los meliponinos no es solo su antigüedad, sino la profundidad de sus vínculos con la flora que los rodea. «Si consideramos que estas especies están presentes desde hace millones de años, hay una línea de coevolución con las plantas de la Amazonía«, explica Rossana. «Si mantenemos tanto la parte animal como la vegetal, seguimos aportando al mantenimiento del ecosistema.» Cuantificar esa relación, en la que las plantas dependen de las abejas para la polinización y las abejas dependen de las plantas para su sustento, es el eje de su agenda científica.

Leer el bosque en una gota de miel
Cada vez que una abeja visita una flor para recolectar néctar, su cuerpo atrapa granos de polen que terminan incorporados en la miel que produce la colonia. Bajo el microscopio, esos granos revelan el origen botánico de la miel con una precisión que ninguna observación visual podría igualar. «Con diez gramos sabemos qué plantas están visitando las abejas para alimentarse y seguir su ciclo biológico», dice Rossana.
Los primeros estudios, publicados en 2025 en la revista Palynology, de Taylor & Francis, analizaron muestras de los departamentos de Loreto, Pasco, Ucayali y San Martín. La familia Melastomataceae dominó el origen botánico con el 44% de los pólenes identificados, seguida por Euphorbiaceae y Myrtaceae. Pero lo más revelador fue que entre los pólenes aparecieron plantas que los propios meliponicultores no habían registrado visualmente, incluyendo especies con uso en la medicina amazónica cuya función como fuente de alimento para las abejas era hasta entonces desconocida. «Esas plantas también tendrán que cuidarse», señala la investigadora.

Desde el inicio, la investigación implicó trabajo directo con meliponicultores en los departamentos de Loreto, Pasco, Ucayali y San Martín. “Hacemos el match: ellos nos comparten la información de qué plantas visitan las abejas constantemente y nosotros podemos confirmarles el nombre científico y lo que eso significa para el manejo de sus colmenas”, explica Rossana. El enfoque etnobiológico, en el que el conocimiento de las comunidades y los datos científicos se informan mutuamente, ha permitido documentar el origen botánico de la miel y darle esa información al productor como argumento para diferenciar su producto en el mercado y, al mismo tiempo, una razón fundada para conservar el bosque que lo produce.

El fondo que sembró las preguntas
Una parte decisiva de esta trayectoria fue el financiamiento que Rossana fue construyendo sobre sus primeros resultados. En 2021 se convirtió en la primera peruana en recibir el Premio Eva Crane Trust, una asociación científica internacional de Inglaterra dedicada a la investigación apícola, que financió el proyecto inicial sobre etnobiología de las abejas en la Amazonía. Ese reconocimiento fue seguido por el Fondo Concursable para Apoyo a la Investigación 2023 de nuestra universidad, que le permitió expandir el trabajo a nuevas regiones y consolidar una red de colaboraciones internacionales con Texas A&M y la Universidade Federal do Amazonas.
Pero lo que el Fondo también hizo fue revelar los límites de lo que la biología sola puede responder. Los datos sobre preferencias florales explicaban qué plantas visitan las abejas, pero no qué ocurre cuando las prácticas de manejo cambian, cuando el cambio climático altera los patrones de floración o cuando llegan metodologías externas a las comunidades. «Me di cuenta de que era necesario explorar los aspectos sociales de esta investigación», dice la investigadora. «Y así decidí incorporar la perspectiva antropológica.» Esas son las preguntas que la llevarán a Estados Unidos.

Una beca para las preguntas que quedaron abiertas
El Fulbright Visiting Scholar no es, para Rossana, el inicio de una nueva etapa sino la consecuencia directa de una investigación que creció hasta superar los recursos disponibles en el país. «Esta estancia la necesitaba», dice. «A veces no hay un tiempo exclusivo para analizar los resultados y redactar los artículos. Tener ese espacio, junto a una especialista, será fundamental.»

Durante la estancia incorporará metodologías para entender la dimensión social de las interacciones entre las abejas y las comunidades, con énfasis en los cambios y efectos del paso de los años en los productores, qué ha ocurrido con el conocimiento tradicional y qué ha hecho el clima con las plantas que las abejas siempre conocieron. La Amazonía no ha esperado a que la ciencia la alcance. Pero Rossana Paredes lleva tiempo alcanzándola, diez gramos de miel a la vez.









